PARA RECORDAR.
¿Qué tal te ha ido? ¿Has escrito? ¿Es muy larga la relación de acciones que ayer llevaste a cabo? ¿Has sido exhaustivo, como te pedí? ¿Cuánto espacio te ha ocupado? ¿una carilla? ¿dos? ¿no has acabado? Termina antes de seguir leyendo la Lección 2.
|
Quizás te hayas quedado sorprendido de lo que un día cualquiera puede dar de sí; sorprendido de tanto como, haciendo, puedes llegar a ser en un solo día.
Pues, imagínate en siete días de una semana, en treinta de un mes, en trescientos sesenta y cinco de un año, en tres mil seiscientos cincuenta de una década…
Nuestro comportamiento nos modela. Imagina un jardinero en medio de una frondosa selva virgen en la que la vegetación es tan espesa que las ramas de los monumentales árboles se entrecruzan de tal manera que forman una bóveda tan densa que a algunas zonas apenas llega la luz del sol.
Es una vegetación tan apretada y tan tupida que, como a veces se ve en las películas y los documentales, no existe camino por el que uno pueda avanzar, sino que el explorador -machete en mano- tiene que ir abriéndolo, cortando a derecha e izquierda, arriba y abajo, esa maleza que lo llena todo.
Es una vegetación tan apretada y tan tupida que, como a veces se ve en las películas y los documentales, no existe camino por el que uno pueda avanzar, sino que el explorador -machete en mano- tiene que ir abriéndolo, cortando a derecha e izquierda, arriba y abajo, esa maleza que lo llena todo.
De alguna manera, la vida de cada uno de nosotros es una frondosa selva virgen de acciones, de actos, de comportamientos, que lo llenan todo. Y en ella tenemos abrirnos camino. ¿Cómo?
Igual que el jardinero, acostumbrado a cuidar de sus delicadas rosas, a recortar los setos dándoles la caprichosa forma geométrica que él prefiera, a podar las varetas de los arbustos que rompen la uniformidad, a cortar el césped hasta el extremo de convertir el suelo en una alfombra color esperanza…
Igual que el jardinero, que está acostumbrado en definitiva a otro tipo de naturaleza, puede sentirse abrumado al pedírsele que ponga "orden" en el impenetrable caos de la selva, también tú puedes sentirte “perdido” al pedirte que pongas "orden" en el sinfín de actos que acometes en tu día a día, enumerándolos y ordenándolos. Se trata de que en la "selva" de tu comportamiento cotidiano te abras un camino que te conduzca a donde tú decidas ir.
En la Lección primera te pedí que escribieras todo lo que habías hecho el otro día, que escribieras una detallada lista de tus actos. La debes tener en el cuaderno de Ética.
En esta lección invito a dar un paso más. Te propongo que trates de distinguir entre las acciones que realizaste ayer habiéndolas tú decidido previamente y las que ejecutaste sin detenerte a pensar antes en lo que ibas a hacer: por ejemplo, en el fin que perseguías, en la razón que te movía, en sus previsibles consecuencias: ¿era buena para ti? ¿era mala para alguien? ¿qué reacción iba a provocar en los demás?, etc.
PARA HACER en el cuaderno de Ética:
¿Puede ser que haya actos que sí te recuerdas a ti mismo llevándolos a efecto pero no tomando la decisión de hacerlos?
Por ejemplo, ¿te recuerdas dándole una mala contestación a tu madre pero no tomando la decisión de dar la mala contestación?
Ponte manos a la obra. En una columna, escribe las acciones que tú decidiste hacer; en la otra, las que hiciste sin pensar.
|
Una vez acabada esta clasificación de tus actos de ayer, te pregunto:
- ¿Tienes la sensación, ahora que lo analizas, de que hubo actos en el día de ayer que “se decidieron” ellos solos, por sí mismos, de los que tú fuiste algo así como su autómata ejecutor?
Simplemente, tales comportamientos "llegaron" a ti, no sabrías explicar de qué manera, y tú los realizaste casi instintivamente, igual que le das una patada al balón que se te cruza en el patio o giras en la esquina cuando de frente se te viene corriendo un perro cuyo aspecto no te gusta nada.
- Si en tu hacer, te haces; si tu conducta, te modela; y una parte relevante de tu comportamiento es “algo” que te sucede y no “algo” que tú decides, transcurrido el tiempo, ¿quién acabarás siendo? ¿el que tú decidas o el que la vida haga de ti, te guste o no? ¿Recuerdas la portada del Libro de Ética? ¿Hay alguna de las imágenes que lo componen que guarde relación con esto?
Se trata, por un lado, de quitar la razón a Saramago cuando escribe que “en rigor, no tomamos decisiones, sino que las decisiones nos toman a nosotros”. Y, por el otro, de dársela a Rowling cuando hace decir a Harry Potter “que son nuestras decisiones, más que nuestras habilidades, las que muestran lo que realmente somos y podemos llegar a ser”.
Una primera manera de poner orden en la “selva” de los actos y de las decisiones de tu vida, es trazar sobre ella la línea de la conciencia; es decir, la línea del hacer y decidir “dándote cuenta”.
A un lado, lo que haces queriéndolo hacer después de haberlo pensado; al otro, lo que haces sin darte cuenta: son las decisiones que te toman y no las decisiones que tú tomas.
A un lado, lo que haces queriéndolo hacer después de haberlo pensado; al otro, lo que haces sin darte cuenta: son las decisiones que te toman y no las decisiones que tú tomas.
Este decidir “dándote cuenta” puede equivaler a la primera tarea de ese jardinero que se enfrenta al objetivo de poner la selva virgen en “orden”: ¿cuántos árboles de gran porte, de gran tamaño, hay en este trozo de bosque tropical?
Por último, ten en cuenta que los actos, en esto de fraguarnos el carácter y decidirnos la vida, contando la vida por días son modestos albañiles, pero, contándola por meses y años, son arquitectos espectaculares.
Una gota resbalando del techo de una gruta caliza, no hace una estalactita; en cambio, resbalando miles de días sí la forma. Es importante que seas tú quien decida qué gotas resbalarán del techo durante los veintinueve mil doscientos días, durante las más de setecientas mil horas, que estadísticamente hoy dura la vida de una persona en el área del planeta en la que vivimos.
De lo contrario, no sabemos quién acabarás siendo; pero probablemente no el tú querías y habías decidido intentar ser.
De lo contrario, no sabemos quién acabarás siendo; pero probablemente no el tú querías y habías decidido intentar ser.
PARA HACER en el cuaderno de Ética:
Lee la columna de actos que ayer hiciste sin pensarlos. ¿Cuáles no deberían haber sucedido y por qué?
|




No hay comentarios:
Publicar un comentario