Empiezas un día cualquiera. Te despiertas. Retozas en la cama. Finalmente, te levantas. Te aseas. Te tomas el desayuno. Te echas a andar camino del colegio. Te vuelves a casa. Se te ha olvidado el bocadillo. Te despides, ahora sí, de tu madre dándole un beso. Antes solo le gruñiste. Estás enfadado con ella. Te ha quitado la PlayStation.
