sábado, 1 de septiembre de 2018

Lección 1. Eres lo que haces.

Empiezas un día cualquiera. Te despiertas. Retozas en la cama. Finalmente, te levantas. Te aseas. Te tomas el desayuno. Te echas a andar camino del colegio. Te vuelves a casa. Se te ha olvidado el bocadillo. Te despides, ahora sí, de tu madre dándole un beso. Antes solo le gruñiste. Estás enfadado con ella. Te ha quitado la PlayStation.


Al llegar al colegio, donde siempre, te encuentras a tus compañeros. Los saludas. Les preguntas cómo llevan el examen de hoy. La vez anterior fue hace solo unas pocas horas, por el whatsapp, antes de que apagases la luz y te echaras definitivamente a dormir. Ellos también se interesan por tu examen. Saben que de esta nota depende que tus padres te devuelvan la PlayStation.
Entras en clase. Atiendes poco. Todavía estás adormilado. Aguantas en el pupitre como puedes hasta el cambio de clase. En el descanso te reanimas bromeando con los compañeros. Camináis hacia el aula de la siguiente clase. Justo antes de entrar sientes urgencia de ir al baño y le pides a un colega que disculpe tu retraso al profesor.
En el ansiado recreo, casi sin darte cuenta, te has quedado solo. Tus amigos deben haber ido juntos no sabes adónde. No te han dicho nada. Esto te hace sentir mal. Desplazado. Piensas que no han contado contigo. Con este malestar seguirás el resto del día.
No es la primera vez que pasa que te dejan solo. La contrariedad crece. No te la puedes quitar de la cabeza. El resto de las clases atiendes poco y apenas trabajas. Le das vueltas a tu preocupación.
El examen, en estas condiciones, te sale peor de lo esperable. La convicción de que eres un “amigo de segunda” para tus compañeros más afines no ha dejado que te concentraras. 
Al llegar a casa este malestar, que se fue acumulando durante el día, te hace explotar airadamente apenas tu madre te pregunta por el examen de marras. Te temes que seguirás castigado sin PlayStation. La tarde se presenta  tormentosa y llena de opciones:
O te encierras en tu habitación y consigues que te dejen tranquilo o la bronca con tu madre está asegurada. O logras tener apagado el móvil para ponerte, de verdad, a estudiar para el examen de pasado mañana o lo dejas encendido sobre tu mesa esperando que alguno de tus amigos te ponga un whatsapp que te demuestre que a ellos no les pasa nada contigo y que todo es una historia que tú te has montado. 
O te tiras en la cama a no hacer nada más que ver vídeos en Youtube o te sientas en la mesa o a estudiar o a hacer como el que estudia para evitar otra bronca por si a tu padre, cuando llegue a casa, se le ocurre asomarse a tu habitación para ver qué haces.
Y así hasta que, después de la cena, finalmente, te marchas a tu habitación, te metes en la cama, dejas el móvil junto a la lamparilla después de haber estado trasteándolo un rato, apagas la luz, te quedas dormido y acabas el día.
Se suele decir que, como muestra, vale un botón. El día que te he relatado es un ejemplo. Quizás así alguna vez haya podido ser un día cualquiera de tu vida. Exactamente así... o aproximadamente así... 

Hay días luminosos y sombríos, días buenos y malos, y días que, al cabo de los días, se olvidan y nada recuerdas de ellos ni aún haciendo el esfuerzo de recordar. Son los días vacíos.

Quiero hacerte caer que en la cuenta de que somos lo que hacemos; no solo, pero también y en no poca medida. Es verdad que además somos lo que sentimos y pensamos; pero, principalmente, somos lo que hacemos, porque hasta los sentimientos y pensamientos suelen ser motivo y detonante de lo que hacemos y acabamos siendo.

Sin embargo, siendo como somos lo que hacemos, de cuantas acciones ejecutas al cabo del día, ¿cuántas “efectivamente” decides tú? En principio, responderás que todas. Pero, seguramente, no sea así. A lo largo de estas lecciones de Ética trataré de que te des cuenta de ello. Todas las ejecutas tú, todas te hacen a ti; pero no todas las decides tú.



PARA HACER en el cuaderno de Ética:

De momento, piensa en el día de ayer. Toma tu cuaderno de Ética y escribe, igual que el ejemplo que has leído arriba, la relación de cuantos actos protagonizaste ayer, de cuantos actos ejecutaste. Haz memoria. Se preciso. Escribe. Cuenta tu día de ayer.


No hay comentarios:

Publicar un comentario